
Represión, amor y revolución
Por Eva Matarazzo
El beso de la mujer araña, obra del renombrado autor argentino Manuel Puig -oriundo de General Villegas- ha trascendido más allá de las páginas del libro, inspirando obras teatrales, películas y versiones musicales. Esta novela, escrita durante su exilio en México, no solo ofrece una narrativa cautivadora, sino que también profundiza en temas como la identidad sexual, las relaciones humanas y el contexto político-social de la Argentina en los años 70. Además, es una obra que no ha perdido vigencia y que se resignifica constantemente con el paso del tiempo, lo cual explica por qué ha sido adaptada en numerosas ocasiones.
La primera versión teatral representada en nuestro país fue en 1983, dirigida por Mario Morgan y protagonizada por Osvaldo Tesser y Pablo Alarcón. En 2009, otra versión con Humberto Tortonese y Martín Urbaneja fue presentada en El Cubo. En 1995, el teatro Lola Membrives acogió la versión musical de “El beso de la mujer araña”, realizada por Terrence McNally, con canciones de Fred Ebb y John Kander. Esta versión fue protagonizada por Valeria Lynch, Juan Darthés y Aníbal Silveyra. Previamente, se había estrenado en Londres la versión de McNally, dirigida por Harold Prince, en el Shaftesbury Theatre en 1992. Cabe aclarar que la versión musical surgió a raíz del éxito del film de 1985, dirigido por Héctor Babenco, con William Hurt, Raúl Juliá y Sonia Braga.
Actualmente, bajo la dirección de Valeria Ambrosio y con las actuaciones de Pablo Pieretti y Oscar Giménez, es uno de los éxitos de la cartelera independiente porteña, llevando ya seis temporadas en el teatro Buenos Aires. Además, ha recibido cuatro nominaciones y tres premiaciones de los ACE como Mejor obra en drama, Mejor actor en drama y Mejor dirección en drama.
En escena, Valentín (Pablo Pieretti), un militante revolucionario, y Molina (Oscar Giménez), un homosexual acusado de corrupción de menores, ofrecen una inteligente disección de sus vidas y de la realidad que los rodea. La obra está ambientada en Argentina en 1975, un año antes del golpe militar, cuando la existencia de presos políticos, la tortura y la muerte eran moneda corriente.
Molina, a través de las películas antiguas que narra, y Valentín, con su lectura aguda y racional sobre la realidad política, representan dos mundos y perspectivas diferentes que se confrontan y enriquecen mutuamente. La evolución de sus interacciones en la celda es fascinante. Sus distintos enfoques hacia la vida y la lectura crean un contraste que enriquece la historia y nos permite además una reflexión profunda sobre la identidad política y sexual, así como sobre la historia y la vivencia de la homosexualidad en esa época.
Cuando, por ejemplo, Valentín le pregunta a Molina:
–¿Todos los homosexuales son así?
Molina le responde:
–No, hay otros que se enamoran entre ellos. Yo y mis amigas somos mujeres. Esos jueguitos no nos gustan, ésas son cosas de homosexuales. Nosotras somos mujeres normales que nos acostamos con hombres.
Este breve diálogo sobre la homosexualidad pone de manifiesto que posiblemente Molina no se consideraba homosexual, sino una persona trans. Sin embargo, el objeto de deseo que reproduce es el de una mujer heterosexual, siguiendo los roles de género establecidos por la heteronormatividad dominante. Finalmente, el grado de entendimiento que alcanzan Molina y Valentín se manifiesta en su encuentro sexual y amoroso, donde ya no importan los géneros ni existe la dominación.
En un osado duelo actoral, Oscar Giménez y Pablo Pieretti encarnan a estos personajes con entrega e intensidad, transitando por diversas emociones y exhibiendo una visible química escénica.
La puesta en escena de Valeria Ambrosio se aleja de los artificios, centrándose en la construcción del vínculo entre estos dos personajes y en la verosimilitud de las situaciones. El espacio de la celda, excelentemente diseñado desde la sencillez, se aproxima a la realidad sin dejar de ser atractivo desde el punto de vista teatral.
Esta celda resulta paradójica, pues es el lugar donde los cuerpos están disciplinados por el poder para el control ideológico, pero al mismo tiempo es el espacio donde comienzan a liberarse las conciencias y surge el deseo y el amor entre estos dos seres. En este universo íntimo donde la utopía es posible, ocurre la transformación. Fuera de ahí, solo existen la muerte, la tortura y una sociedad alienada y sin equidad. Por ello, «El beso de la mujer araña» puede ser leído también como un símbolo de la comunión entre los personajes y del encuentro de las revoluciones política y sexual.

FICHA TÉCNICO ARTÍSTICA
Autoría: Manuel Puig
Actúan: Oscar Gimenez, Pablo Pieretti
Voz en Off: Héctor Fernández Rubio
Vestuario: Laboratorio Marte
Escenografía: Jose Palumbo
Música original: Valeria Ambrosio
Diseño De Iluminación: Valeria Ambrosio
Fotografía: Carlos Alberto Garcia, Nacho Lunadei
Asistencia de dirección: Paul Caballero, Melu Fuentes, Jesus Segovia
Producción artística: Alejandra Garcia
Producción ejecutiva: Alejandra Garcia
Grafica: Valeria Ambrosio
Dirección: Valeria Ambrosio
TEATRO BUENOS AIRES
Corrientes 1699 CABA
Teléfonos: 5263-8126
Web: http://www.teatrobsas.com.ar/
Viernes y Sábado – 20:00 hs














