En diciembre de 2001, la Argentina atravesó una de sus crisis más profundas. Privatizaciones, desempleo, hambre, represión y un grito colectivo -“que se vayan todos”- marcaron no sólo el colapso económico, sino también el derrumbe de un entramado de sentidos, vínculos y estructuras simbólicas. A esa fisura se asoma En cada lugar del mundo en este instante, obra escrita y dirigida por Martín Mir, que se presenta los viernes a las 20 hs en el teatro Vera Vera.

Con una dramaturgia potente y actuaciones de notable intensidad, la pieza transforma una habitación de hotel en un microcosmos donde se condensan las tensiones de un país en ruinas. El espacio escénico funciona como caja de resonancia: lo íntimo y lo político se entrelazan en una atmósfera que clausura cualquier fuga.

La acción transcurre en un pequeño pueblo, dentro de esta habitación deliberadamente modesta. Nelson (Damián Smajo), el encargado del lugar, mira televisión hasta que lo interpelan voces que provienen del afuera . Allí irrumpen Marcos (Lucas Delgado) y Marcia (Manuela Fernández Vivian), pareja en tránsito que busca alojamiento tras un desperfecto mecánico. Nelson sugiere que la causa pudo haber sido provocada por un “miguelito” para detener la marcha del vehículo y asaltarlos. Marcia observa el lugar decorado con muy mal gusto y se nota visiblemente incómoda, mientras Marcos intenta suavizar la situación. Finalmente, viendo que no hay otras opciones para pasar la noche, la pareja decide quedarse.

Marcia es actriz de telenovelas, lo que despierta en Nelson una mezcla de admiración y deseo contenido. La crisis matrimonial entre ella y Marcos se manifiesta en discusiones estridentes, reproches mutuos y una creciente incomunicación. Mientras tanto, la televisión transmite imágenes del país en llamas: saqueos, represión, desesperanza. La fractura social se filtra en la intimidad de este lugar que deja de ser refugio para volverse campo de tensión. El dinero -como símbolo, ausencia o exceso-  atraviesa la escena: las apuestas de Marcos, el seguro impago, los cheques, los negocios con la carne, los saqueos en las noticias. Lo económico se vuelve eje transversal, aunque no exclusivo: junto a él circulan la frustración, el deseo y la violencia latente.

El espacio escénico, acotado y cargado de ambigüedad, potencia el conflicto. La cama aparece como territorio de disputa; las puertas al baño y al balcón, sugieren intimidad, fuga o encierro, según la escena. El balcón, apenas visible, funciona como espacio liminar donde Marcos se comunica a escondidas con su socio. El baño, que aparece como fuera de campo, aloja acciones que el espectador solo puede inferir. Cada elemento espacial contribuye a una atmósfera de clausura, en la que lo íntimo se vuelve asfixiante y lo público irrumpe sin pedir permiso.

El humor atraviesa la obra como un desborde nacido del quiebre interno de los personajes, desplegado en un crescendo dramático que combina discusiones absurdas, estallidos emocionales y situaciones llevadas al extremo. Pero al mismo tiempo provoca incomodidad, ya que revela el sinsentido de una clase que, mientras el país se derrumba, se enreda en disputas triviales y contempla por la pantalla el caos social. Porque, aunque la pieza evita juicios explícitos, deja en evidencia la desconexión afectiva y política, de quienes, en medio del colapso, se aferran a su egoísmo y solo buscan salvarse a sí mismos.

La dramaturgia de Mir se distingue por la precisión rítmica y su capacidad para condensar lo social en lo íntimo. Cada diálogo carga tensión; cada silencio abre grietas. La obra además resuena con nuestro presente, porque no busca representar el 2001 como un hecho histórico cerrado, sino como una experiencia que de alguna manera se resignifica. La fractura no es solo económica: es simbólica, afectiva, estructural.

Las actuaciones constituyen uno de los pilares de esta puesta. Manuela Fernández Vivian transmite con sutileza el desgaste emocional de quien ha construido su identidad sobre ficciones  que ya no resisten. Lucas Delgado encarna la negación, el cinismo y la fragilidad de una masculinidad en crisis. Damián Smajo introduce frescura al relato, su presencia es incómoda, disruptiva, necesaria. El trío actoral construye una tensión sostenida que nunca se resuelve del todo, y que mantiene al espectador en estado de alerta.

En cada lugar del mundo en este instante es una obra sobre el momento en que las coordenadas se deshacen. Cuando el afuera irrumpe en el adentro, y los personajes ya no pueden sostener sus mentiras. La habitación se convierte en escenario de una transformación inevitable: lo que parecía una pausa se revela como un punto de quiebre. El teatro, en su forma más aguda, se vuelve aquí espacio de resonancia, donde lo íntimo y lo político se entrelazan sin concesiones. Lo que se pone en escena no es solo un contexto, sino una experiencia de fractura que atraviesa cuerpos, vínculos y discursos. Porque en algún momento como siempre el afuera golpea la puerta. Y el teatro, como siempre, abre.

Ficha técnico artística

Texto: Martín Mir
Actúan: Lucas Delgado, Manuela Fernández Vivian, Damián Smajo
Vestuario: Sabrina Jacobi
Luces: Claudio Del Bianco
Sonido: Pedro León Alonso
Fotografía: Mariano Martínez
Diseño gráfico: Sergio Calvo
Asistencia de dirección: Luciana Serio
Prensa: Valeria Franchi
Dirección: Martín Mir

VERA VERA TEATRO
Vera 108 CABA
Reservas: 1159282476

Web: https://linktr.ee/veraespacioescenico
Entrada: $ 13.000,00 – Viernes – 20:00 hs