La vida en  35 milímetros

Por Eva Matarazzo


Le película inconclusa del dramaturgo y director Marcos Rosenzvaig nos sumerge en un mundo extrañado en el que los actores viven encerrados en una cinta cinematográfica, mientras qué una proyectorista les da vida impulsando la acción con el pedaleo de su proyector-bicicleta.

La narrativa se desarrolla en un ambiente surrealista y poético, donde los personajes enfrentan sus propios demonios y anhelos en un intento de encontrar redención y significado en sus vidas. Mientras tanto, Satanás intentará cortar fragmentos de ese celuloide,  como si fueran parte de la memoria, y un ángel tratará de rescatarlos en un intento desesperado por revivir lo definitivo, la muerte.

Realizada con el apoyo de la Embajada de la República de Polonia, en el marco del homenaje que celebra los 40 años de la primera presentación del Cricot 2 en el Teatro General San Martín, la obra de Rosenzvaig, es también un homenaje al gran director polaco Tadeusz Kantor y su icónica pieza La clase muerta.

Al igual que en el teatro kantoriano, en este caso también se presenta un pasado que se adhiere al presente, con las contradicciones propias de la condición humana. De esta forma, los temas más escabrosos como el dolor, la decrepitud y la muerte, pueden ser tratados desde la ironía y el humor logrando conmover profundamente al espectador.

Con figuras evocadas de la infancia, que se agitan en un baile desarticulado y nostálgico, el teatro de la muerte trae desde las tinieblas de la ausencia a aquellos que hoy ya no están, para que puedan volver a la vida. Así, los pensamientos y los recuerdos aparecen en forma de retazos de la infancia y escenas escolares, mientras los personajes giran en un continuo devenir que parece no terminar nunca. La vida y la muerte surgen como dos grandes fuerzas que se disputan el destino de los personajes, pero la finitud va marcando el paso del tiempo en una cuenta regresiva inevitable.

Se destaca el trabajo actoral, la intensidad dramática y la precisión  coreográfica en los movimientos y las acciones de todo el elenco, compuesto por: Alejandro Mazza, Liliana Marchini, Marina Padilla García, Laura Pons Vidal, Adriana Pregliasco, Gabriela Ramos, Luciana Ramos, Emma Rivera, Luis Solanas, Eugenio López Arriazu, Juan Salvador Trupia, Macacha Verón Halaris, Horacio Wuille Bill. Los momentos musicales interpretados por los cantantes Marina Padilla García y Juan Salvador Trupia, son también un hallazgo, ya que potencian el dramatismo de la puesta y generan un clima que quiebra con el humor y la ironía.

¿Seremos solo un gesto que se repite constantemente?, ¿Estaremos atrapados en una película cómo estos personajes?, ¿Cuándo dejará de girar el mecanismo que nos mantiene presentes en este mundo?, son quizás algunas de las preguntas que surgen al ver esta obra.

Una propuesta poco convencional, bastante distinta a lo que se ve actualmente en la cartelera porteña; en la que la materialidad del teatro se pone de relieve como una forma de no resignarse al olvido.

PH: Francisco Bernabei

 


Ficha técnico artística

Dramaturgia: Marcos Rosenzvaig
Actúan: Eugenio López Arriazu, Liliana Marchini, Alejandro Mazza, Marina Padilla García, Laura Pons Vidal, Adriana Pregliasco, Gabriela Ramos, Luciana Ramos, Emma Rivera, Luis Solanas, Juan Salvador Trupia, Macacha Verón Halaris, Horacio Wuille Bill
Vestuario: Tacec Teatro Argentino De La Plata
Redes Sociales: Gabriela Ramos
Realización de objetos: Ricardo Gonzalez
Realización de muñecos: Walter D. Lamas
Fotografía: Francisco Bernabei
Diseño gráfico: Gabriela Ramos
Asistencia de dirección: Macacha Verón Halaris
Producción ejecutiva: Gisella Sirera
Registro Visual: Francisco San Martín

PH: Francisco Bernabei

 

EL TINGLADO TEATRO

Mario Bravo 948 CABA
Teléfonos: 4863-1188
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Entrada: $ 10.000,00 – Jueves – 21:00 hs