Un relato rural que cobra nuevos sentidos


Por Eva Matarazzo

El teatro y las leyendas se han entrelazado a lo largo de la historia creando una inquietante relación entre lo mítico y lo escénico. En el caso de las leyendas, la oralidad como forma de transmisión jugó un rol fundamental para que perdurarán y se transformaran a lo largo del tiempo. El teatro, por su parte, posibilitó que estas narraciones se convirtieran en un hecho vivo, generando un acontecimiento del orden de lo metafísico, a partir de la presencia de los cuerpos en el espacio.

Mandinga (la capilla del diablo) parte de una leyenda rural que cuenta que a finales del siglo XIX en la provincia de Corrientes, un terrateniente de origen europeo, semianalfabeto y católico ferviente, tuvo una hija que falleció aplastada por una carreta que transportaba troncos y se salió del eje. Dicen que en realidad, la niña no estaba muerta, sino inconsciente. El padre se volcó  entonces a la oración, haciendo todo tipo de promesas a Dios para que la muchacha pudiera despertarse. Pero, al no obtener respuesta, pactó con el Diablo hacer una capilla en su nombre y como insulto mayor al altísimo, la hizo bendecir por un cura.

Como toda leyenda, este relato parte de un hecho real ocurrido al inmigrante italiano Lorenzo Tomasella, pero deformado y atravesado por elementos del orden de lo sobrenatural. El director y dramaturgo Guillermo Parodi, retoma esta historia, y crea a partir del material un interesante y cautivador hecho escénico, en el que los cuerpos se hacen presentes con su potencia subversiva y transformadora.

Desde el diseño espacial, al ingresar a la sala se observa una clara y precisa concepción de la puesta. Figuras geométricas triangulares de madera, pintadas de blanco, son manipuladas por los actores y las actrices para crear distintas formas en el espacio, a la vez que ofician por momentos como ataúdes. La subversión del orden divino se representa a partir de estas figuras que conforman en cierto momento una estrella invertida de cinco puntas. Este pentagrama retoma elementos de la mitología cristiana y se presenta, de alguna manera, como símbolo de lo satánico y del mal.

Las secuencias de acción y los movimientos de cada personaje están minuciosamente trabajados y se nota que hubo un proceso de indagación en el lenguaje. Toda la puesta de Guillermo Parodi funciona como un mecanismo de relojería perfecto. En cuanto al trabajo actoral es además otro de los puntos fuertes de la obra. La presencia sobrenatural  y la fuerza dramática de Lucía Palacios (la hija muerta), el juego y la ductilidad de Lorena Lorena Szekely (Mandinga) y en el orden de los personajes más ligados al territorio de lo real: Julia Funari (la tía), Camilo Parodi (el peón), Natalia Rey (la criada), Marcelo Rodríguez (el padre) y Lucas Soriano (el cura) logran también un sólido desempeño, manejando muy bien los climas y con una potente composición.

La sonoridad y la música en vivo  interpretada por Nahuel Del Valle, Juan Pablo Martini y Camilo Parodi son asimismo aspectos a destacar que potencian el devenir dramático de cada acontecimiento. Al igual que el diseño de luces de Fernando Díaz y Guillermo Parodi, que contribuye a  potenciar esta atmósfera inquietante y perturbadora.

Volviendo a la trama de la pieza, desde la antigüedad existe la creencia de que las personas pueden obtener grandes beneficios pero también castigos al pactar con el diablo y este tema aparece como motivo recurrente en varias obras teatrales y cinematográficas: Fausto, Mefisto, Nazareno Cruz y el lobo, entre otras. En esta historia en particular, de monte, infierno y ataduras, emergen además muy bien diferenciadas las clases sociales y el tema del poder. El pacto ya no es en este caso a cambio del alma, sino por la construcción de una iglesia dedicada al diablo. Hay una profanación de lo sagrado, de la ley, y a partir de este hecho se desata el caos y la violencia entre los pobladores. Porque cuando el Mandinga se presenta acontece la desgracia y lo que viene después siempre es destrucción y muerte.

Mandinga (la capilla del diablo) abre de esta manera distintas capas de sentido y se resignifica hoy en día, porque en un mundo en guerra y en este contexto de líderes mesiánicos que pactan con las “fuerzas del cielo” o mejor dicho “del infierno” y desatan el odio y la violencia contra su propio pueblo, nada puede terminar bien.




FICHA TÉCNICO ARTÍSTICA
Dramaturgia: Guillermo Parodi

Actúan: Julia Funari, Lucía Palacios, Camilo Parodi, NATALIA REY, Marcelo Rodriguez, Lucas Soriano, Lorena Szekely
Músicos: Nahuel Del Valle, Juan Pablo Martini, Camilo Parodi, Guillermo Parodi
Diseño de vestuario: Jorgelina Herrero PonsDiseño de escenografía: Fernando Diaz
Diseño de luces: Fernando Diaz, Guillermo Parodi
Producción musical: Juan Pablo Martini
Realización de escenografía: Talleres Del Teatro Argentino De La Plata – Tacec
Realización de vestuario: Talleres Del Teatro Argentino De La Plata – Tacec
Diseño gráfico: Leandro Almendro
Diseño de imagen: Mariana Melinc
Entrenamiento corporal: Sofia Ballvé
Asistencia de dirección: Macarena Lopez
Prensa: Paula Simkin
Dirección: Guillermo Parodi
Composición Musical: Juan Pablo Martini

TEATRO DEL PUEBLO
Lavalle 3636. CABA
Teléfonos: 75421752

Web: http://www.teatrodelpueblo.com.ar
Entradas desde: $ 7.000,00 – Sábado – 22:00 hs