Millones de segundos, de Diego Casado Rubio

Una obra sensible y perturbadora.

607

Millones de segundos

Por Eva Matarazzo

La obra Millones de segundos, de Diego Casado Rubio, retrata la vida de un adolescente transexual, que nació en cuerpo de mujer, pero se siente hombre, y que además sufre del síndrome de asperger, un trastorno del espectro autista que dificulta la relación y la comunicación con los demás.
Basada en un hecho real, la pieza aborda el tema de la discriminación por dos lados, el de la enfermedad y el de la sexualidad.

“Cuando tenía cinco años, Alan supo que era de otro planeta y empezó a contar los segundos que le quedaban para dejar de vivir en ese cuerpo. Hoy tiene 554 millones de segundos y aún conserva la esperanza de empezar su transformación y poder seguir usando el baño de varones. No soporta las ventanas abiertas, le gustan las puertas cerradas, grabarse videos y subirlos a youtube, enumerarlo todo”.

Millones de segundos nos habla de la crueldad de una sociedad que no soporta las diferencias y que ejerce permanentemente la violencia física o psicológica sobre aquellos más vulnerables. Las instituciones son también parte de este sistema perverso que no permite la elección por fuera de “la norma”, y expulsa hacia los márgenes a los que no se adaptan a sus coercitivas reglas.

Hay además otro aspecto a tener en cuenta en la historia de Alan (Raquel Ameri) y es su condición social. Una familia pobre que no tiene dinero para solventar la escuela y su tratamiento. Un padre ausente que trabaja como camionero y su madre Clarisa (Estela Garelli) que se gana la vida limpiando casas y tiene las manos destrozadas por el efecto de la lavandina.

El rechazo hacia Alan es por parte de la sociedad, pero también se da dentro de su entorno familiar. Su madre lo ama, pero no puede aceptarlo tal cual es, para ella su hijo es mujer porque sus genitales son femeninos, y la mirada externa pesa más que lo que verdaderamente siente. Su único refugio es su perro Samson (Víctor Labra), que es el ser con el que entabla una relación íntima y genuina, y con el que logra una verdadera comunicación.

La puesta de Diego Casado Rubio es de estilo contemporáneo, y bastante despojada de elementos escenográficos. Al ingresar a la sala la imagen es sumamente potente, un cuerpo desnudo desafiante pero vaciado de todo contenido sexual, y otro cuerpo con el torso desnudo acurrucado en el piso. El dispositivo escénico consta de unos cubos iluminados móviles que van cambiando de color y se desarman de acuerdo a la funcionalidad de cada escena, más una tablet en la que al comienzo se proyectan imágenes de Alan niño jugando en la playa, y con la que posteriormente él interactúa con el público como si fueran sus seguidores en las redes sociales.

El trabajo de Raquel Ameri es jugado y magistral, su cuerpo y su voz se transforman para interpretar a éste adolescente, atravesando por los más diversos estados emocionales. Se genera además con el público un acto de comunión y empatía, y es muy difícil no salir modificado de la sala.

Víctor Labra como Samsón también hace un trabajo extraordinario, un personaje muy complicado para interpretar porque es un perro, pero que a la vez habla y tiene una relación muy estrecha y humana con el personaje principal. Estela Garelli, como la madre también se luce con un personaje sumamente contenido, lleno de contradicciones internas, sutilezas y matices.

Un espectáculo transformador, que sostiene que «no se padecen las diferencias, sino que se padece la incomprensión», y que provoca quizás en el público por momentos un sabor amargo, pero que al mismo tiempo nos hace reflexionar y tomar conciencia como parte de esta sociedad, sobre la discriminación y la crueldad con la que se manifiesta.

Un alegato a favor de la tolerancia, sin golpes bajos, pero de una sensibilidad suprema, que moviliza desde un lugar que va más allá de lo racional y que “nos infecta la sangre”, como dice Alan, para seguir luchando contra aquellas estructuras e instituciones sociales siniestras y arcaicas.

Ficha artístico / técnica:
Director: Diego Casado Rubio
Autor: Diego Casado Rubio
Actúan: Raquel Ameri, Víctor Labra y Estela Garelli
Iluminación: Verónica Alcoba
Vestuario: Vessna Bebek
Asistencia de dirección: Juan Borraspardo
Fotografía: Juan Borraspardo
Producción ejecutiva: Felicitas Oliden
Producción general: Juan Borraspardo

Teatro El Extranjero:
Valentín Gómez 3378. CABA
Tel: 4862-7400
Duración: 70 minutos.
Sábado 20:30 hs.

Entrada: General: $300. Estudiantes/Jubilados $250

Fragmentos de la obra