
¿Qué pervive hoy de nuestro pasado como país?
Por Eva Matarazzo
Telefonistas, de Martín Ortiz, se presenta los viernes a las 20.30 hs en el Centro Cultural de la Cooperación y ofrece una mirada singular sobre un episodio trágico de la historia argentina. La obra sitúa la acción en la Casa Rosada durante el 16 de junio de 1955, día del bombardeo a Plaza de Mayo, y lo hace desde la perspectiva de tres mujeres comunes que trabajan como telefonistas. A través de ellas, lo cotidiano se convierte en un espacio atravesado por la violencia política, donde la rutina laboral se ve súbitamente interrumpida por el horror.
Este proyecto se enlaza con una búsqueda más amplia que Ortiz viene desarrollando en su trayectoria reciente. Con Cisneros. Una tragedia argentina (2019) y Museo Beresford (2024), el director ya había explorado, mediante distintos lenguajes teatrales, la posibilidad de hacer dialogar el presente con el pasado. En esas obras, como en la actual, la historia argentina aparece como un territorio revisitado para interrogar las huellas que aún persisten en nuestra vida social y política. Ortiz concibe el teatro como un espacio de memoria crítica, donde los acontecimientos del pasado no se presentan como hechos cerrados, sino como preguntas abiertas que interpelan el presente. Telefonistas continúa esa línea, situando la acción en un día preciso y siniestro para recordar aquello que algunos prefieren olvidar y, al mismo tiempo, mostrar cómo las tensiones de la historia se infiltran en lo cotidiano.
Uno de los aspectos más destacados de la obra es el trabajo actoral y el juego en escena, que delinean con precisión las características de cada personaje. Mabel (Luciana Procaccini) aparece como figura conciliadora, situada en el centro tanto física como simbólicamente, metáfora de una sociedad que oscila entre simpatías políticas y afectivas. Margarita (Celeste Gerez) aporta la pasión y la fuerza emocional. Rosa (Carla Haffar) representa la firmeza y la mirada crítica, intensificando los conflictos internos del grupo. El Coronel (Cristian Sabaz) introduce la jerarquía y el poder, complejizando las interacciones y acentuando la tensión dramática. La interacción entre los personajes, sostenida por un ritmo preciso y un tono actoral que transita de la ligereza inicial a la densidad final, otorga a la obra un dinamismo que mantiene al espectador en constante expectativa.
El inicio en clave de comedia, evocando el estilo popular de los años 40, intensifica el contraste con la irrupción de la violencia histórica. Este entramado se vincula además con los consumos culturales de la época —el folletín, el radioteatro y la literatura doméstica— que moldeaban sensibilidades y modos de imaginar el mundo. En ese marco, Mabel puede relacionarse con Nené, personaje de Boquitas pintadas de Manuel Puig, marcada por el conflicto amoroso entre su actual marido y el recuerdo persistente de un primer amor muerto. La evocación abre la posibilidad de leerla en continuidad con esa tradición literaria y cultural, reforzando la dimensión simbólica de la obra.
La trama incorpora también la conspiración y la traición, elementos que dialogan con la propia historia argentina y que refuerzan su dimensión política. Los rumores, las sospechas y las tensiones entre los personajes funcionan como reflejo de las intrigas y fracturas que marcaron aquel período. Pero además, en este ambiente irrumpe lo mítico y lo sobrenatural: algunos personajes escuchan la voz o perciben la figura espectral de Eva Perón, presente como aparición que trasciende lo real. Este recurso conecta la obra con las creencias populares y con una estética cercana al realismo mágico. Eva se convierte en símbolo de una memoria que no se extingue y que se manifiesta en los intersticios de la vida cotidiana.
El bombardeo del 16 de junio de 1955, con cientos de muertos y heridos, fue un intento de derrocar al gobierno de Juan Domingo Perón y dejó una huella imborrable en la memoria colectiva. Ortiz recupera ese instante para mostrar cómo la violencia política irrumpe en los espacios más íntimos, infiltrándose en gestos simples y conversaciones aparentemente triviales. La obra, al situar la acción en ese día preciso, recuerda que la historia no es un pasado clausurado, sino un territorio que sigue resonando en el presente.
De esta manera, Telefonistas se convierte en un ejercicio de memoria y reflexión sobre sucesos históricos que han sido silenciados. La obra invita a relacionar aquel pasado con nuestro presente, recordando que la violencia y la muerte han estado ocultas bajo discursos de libertad, y que hoy más que nunca sus huellas siguen resonando.
Ficha técnico/artística
Actúan: Celeste Gerez, Carla Haffar, Luciana Procaccini y Cristian Sabaz
Voz en off: Carolina Guevara
Escenografía y Vestuario: Jorgelina Herrero Pons
Diseño de iluminación: Eduardo Safigueroa
Realización Escenografía: Víctor Salvatore
Música Original: Rony Keselman
Coreografía: Valeria Narváez
Diseño Gráfico: Maxie Florencio
Prensa: Paula Simkin
Fotografía: Nacho Lunadei
Asistencia de Dirección: Violeta Ortiz Laski
Producción Ejecutiva y artística: Alejandra García
Dramaturgia y Dirección: Martín Ortiz














